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Las lámparas de movimiento líquido, llamadas también lámparas de lava, han existido durante décadas. Su suave movimiento puede resultar muy relajante, y su efecto estético atrajo la atención en los años setenta.

El funcionamiento de las lámparas de lava es sencillo e ingenioso.

En esencia se necesitan dos líquidos, insolubles uno en el otro pero de semejante densidad. En el caso del aceite y el agua, ambos son insolubles, no se pueden mezclar. Pero sus densidades son muy diferentes, y el aceite siempre flotará sobre el agua. Pero si las densidades son semejantes, se pueden formar glóbulos de un líquido en el otro.

Funcionamiento...
Cuando la lámpara está apagada y fría, la lava, ligeramente más pesada que el agua, se mantiene en el fondo. Cuando la lámpara se enciende y se calienta (lo que le toma alrededor de treinta minutos) la lava, calentada a su vez, se expande, lo que hace que disminuya su densidad. Como consecuencia flota hacia la parte superior de la lámpara, donde vuelve a enfriarse y descender.

Este movimiento continuará mientras se tenga encendida la lámpara. Todo esto ocurre con lentitud, pues la absorción de calor y el enfriamiento son también lentos, y el cambio en la densidad es mínimo. Así se obtiene un movimiento pausado y casi hipnótico característico de estas lámparas.